Estamos ante un texto que refleja el balance de toda una vida dedicada a la investigación filosófica. Está escrito en lenguaje aforístico. El problema de los aforismos es que pueden leerse rápidamente en búsqueda de la novedad o del efecto sorpresa. Si no es así, su lectura suele reducirse, como diría Walter Benjamin, a un acto mecánico parecido al de pasar los dedos por las cuentas de un rosario. Al contrario, estos Rescoldos y cenizas necesitan un análisis tranquilo y un tanto puntilloso, como todas las obras de pensamiento. Deben ser leídos como si en cada uno de sus aforismos gravitara todo el peso del libro; un libro cuya idea-fuerza, por otro lado, apenas se intuye desde la superficie y cuyo sentido profundo ha de ser reconstruido por el lector a la manera de un rompecabezas.