Con humor, ternura y una honestidad desarmante, Natza Farré convierte la historia de su familia en el retrato de toda una generación
Con lucidez, pero también con ironía, ternura y elegancia, Natza Farré disecciona sus vivencias como hermana pequeña de un drogodependiente. Lo hace en primera persona, con un relato honesto y valiente que no esquiva ni edulcora la incomodidad. La suya era una familia de clase media que, como tantas otras, en los años ochenta tuvo que enfrentarse por primera vez con la heroína y todas sus consecuencias.
A partir de los recuerdos y de la correspondencia familiar, dibuja una época y traza, al mismo tiempo, un retrato muy personal de una vida llena de pequeñas esperanzas, victorias efímeras y recaídas. Con una precisión brutal, narra el silencio como un pacto colectivo y el peso de la culpa como una prisión emocional.
«Natza Farré tiene la habilidad de escribir un drama con un humor que siempre te coge desprevenido. No puedes parar de leer».
Marc Giró