Como explica Hans Urs von Balthasar en el texto que sirve de introducción a la novela La impostura, publicada también en nuestra editorial, en el verano de 1927, el escritor Georges Bernanos escribió a un amigo: «He vuelto al trabajo con alegría. Vivo con dos santos maravillosos, dos auténticos santos, que estoy inventando. Todo está tan bañado por una luz tan intensa que no puedo pensar en otra cosa, y mi corazón canta extasiado». Los dos santos son el padre Chevance y la joven Chantal. Y el libro que llenó de contento al escritor como ninguno otro, llevaba por nombre La alegría. Es la segunda parte de una novela-díptico, cuya primera «tabla» era La impostura. Esta última obra presentaba un abismo tenebroso al que corresponde una luz venida de lo alto, sin la cual el relato se entendería sólo exteriormente, pero no en su equilibrio interno, espiritual, en su carácter de misterio cristiano. Los protagonistas de La alegría son Chantal de Clergerie, una joven alegre y sencilla, hija espiritual del padre Chevance, muerto al final de La impostura, e hija del señor de Clergerie, un hombre mediocre, pero de