«Dedicar un día al mes al retiro no es perder
tiempo pastoral; es ganarlo en profundidad.
Es permitir que el Señor ordene lo que la prisa desordena, que el silencio cure las palabras
vacías, que la oración ilumine el discernimiento
y que la gracia devuelva frescura a la entrega.
Es volver a mirar a los fieles no como problemas
que resolver, sino como almas confiadas por
Dios. Es renovar la humildad, la obediencia, la
pobreza y el celibato como caminos de libertad
interior y de testimonio gozoso. Es pedir la gracia de ser sacerdotes no solo eficaces, sino santos; no solo activos, sino profundamente unidos
al Señor; no solo disponibles, sino interiormente
entregados
Cada retiro mensual será fecundo si ayuda al sacerdote a salir de él con más
fe, más esperanza, más amor a la Iglesia y una
alegría más limpia por haber sido llamado, sin
mérito propio, a un ministerio tan grande».
(Del prólogo de Jesús Pulido Arriero, Obispo
de Coria-Cáceres y presidente de la Comisión
Episcopal para el Clero y Seminarios de la CEE)