En un sentido homenaje a la figura del papa Francisco, el padre Cirujeda nos propone
en esta ocasión un concienzudo análisis de la humildad como virtud central para todos
aquellos que deseen tomar la opción de seguir la fe y el camino de vida de Jesucristo y
asumir la tarea de convertirse en los constructores del reinado de Dios en el presente
y aquí en la Tierra. No es una meta fácil de alcanzar y requiere de la perseverancia y el
empeño constante de hacer el bien a nuestro alrededor.
La humildad comienza cuando nos hacemos conscientes de nuestra verdadera situación
en el mundo, pues no somos seres omnipotentes, tal y como pretenden hacernos creer
las sociedades tecnológicas actuales, sino que hemos sido creados y estamos condenados
a morir. Por eso debemos achicarnos, humillarnos, y dar gracias a Dios por habernos
dado la oportunidad de vivir y experimentar su misericordia, lo cual nos permitirá
replicar esa gracia, tanto con nuestro prójimo como con el planeta en el que habitamos,
escuchándonos, cuidándonos y compartiendo lo que tenemos y somos.