Frente al mito de los padres perfectos se propone el modelo de los padres realistas como aquellos que conocen sus limitaciones y, cuando la situación lo requiere, las trascienden a través de su trabajo personal introspectivo o de formación. Son capaces de no exigirse la perfección, de perdonarse los errores y de tenerlos en cuenta para no repetirlos en el futuro. También saben lo que pueden esperar de sus hijos por su momento evolutivo y por tanto dimensionar adecuadamente la importancia de lo que ocurre sin preocuparse más de lo necesario.