¿Qué queda del catolicismo cuando uno empieza a escoger solo las partes que le gustan?
Nat Whilk es católico, pero no se lo pone fácil a la Iglesia. La considera anticuada, rígida, obsesiva con ciertos temas y demasiado segura de sí misma. Por eso escribe un manifiesto en veinte puntos en defensa de los llamados católicos de cafetería: creyentes que aceptan algunas enseñanzas de la Iglesia y dejan otras en la bandeja, como quien elige en un bufé.
Peter Kreeft, filósofo, apologista y amigo suyo, decide responder. Y lo hace como mejor sabe: con inteligencia, humor, claridad y una lógica difícil de esquivar.
El resultado es este libro: una conversación viva, provocadora y profundamente actual sobre las grandes cuestiones que siguen dividiendo, inquietando y fascinando a creyentes y no creyentes: la autoridad de la Iglesia, la libertad, la conciencia, el sexo, el aborto, la justicia social, la ciencia, el amor, la esperanza y la relación entre Dios y la Iglesia.
Frente a un catolicismo a la carta, Kreeft propone algo mucho más desafiante: tomarse en serio la fe entera. No como una carga, sino como una aventura de la razón, del corazón y de la libertad.
Confesiones de un católico de cafetería es un libro para quienes dudan, para quienes discuten con la Iglesia, para quienes creen «a medias» y para quienes sospechan que, quizá, el cristianismo es mucho más grande, más exigente y más apasionante de lo que parece.
Una defensa brillante, cordial y sin complejos del catolicismo completo.