ROMERO GALVAN, FRANCISCO JULIAN
El mandato misionero de Cristo (cf. Mt 28,19-20) actualiza
en cada momento histórico el don de la evangelización
que la Iglesia debe acometer (cf. EN 14). Hoy,
el contexto de secularización y de búsqueda de una
espiritualidad emotiva y desencarnada plantea a cada
Iglesia particular la búsqueda de modos de anunciar el
mensaje de la Buena Noticia de Cristo a los hombres
de este tiempo, acompañar a los que decidan seguir a
Cristo por medio de un proceso de iniciación cristiana
que culmine con la madurez de la fe y de la conversión.
Estamos hablando no de un tema más, sino de la
gran cuestión a la que se enfrenta la Iglesia, que ha de
buscar caminos eficaces para que el Evangelio llegue
a sus destinatarios. En efecto, hacer nuevos cristianos
es el reto eclesial del presente, más cuando la cadena
de transmisión de la fe ha roto sus eslabones. Hacer
discípulos misioneros, como decía el papa Francisco en
su exhortación apostólica Evangelii gaudium, requiere
que revisemos los procesos de iniciación cristiana de
adultos, niños y adolescentes que venimos haciendo,
pero no solo con el fin de quedarnos en una organización
adecuada, sino con la pretensión de ayudar a reflexionar
sobre la continuidad cristiana de aquellos que
recorren el itinerario catecumenal.