Dos grandes amores marcaron su existencia: los pobres y los sacerdotes. Con la fundación de las Esclavas del Amor Misericodrioso, buscó la forma de llegar a los marginados, a los jóvenes, los ancianos y enfermos más necesitados. Luego puso más coraje, más entrega si cabe, en la santificación de los sacerdotes; por ellos se había ofrecido víctima y por ellos y para ellos Dios le pidió la fundación de los Hijose del Amor Misericordioso.