Es bien sabido, dicen los viejos bretones, que el olor intenso de la flor de sal de las salinas marítimas de la península de Guérande provoca alucinaciones. El comisario Georges Dupin empieza a creérselo cuando, mientras las visitaba, sorprendentemente alguien intenta matarlo. No tiene sentido. Nadie, excepto su amiga, la periodista Lilou Breval, sabe que ha ido hasta allí. Por hacerle un favor (le había pedido que investigase algo para ella), y sobre todo para alejarse del papeleo de la comisaría de Concarneau, Dupin había accedido. Tras el tiroteo, sin embargo, Lilou no responde a sus llamadas, y poco después es dada por desaparecida. Aunque las salinas quedan fuera de su jurisdicción, y la comisaria Sylvaine Rose, decidida a defender su terreno, no le deja trabajar a su gusto, Dupin empieza a seguir un caso sembrado de cadáveres, coartadas falsas, rencillas personales, conflictos de intereses. y antiguas leyendas bretonas.