Quizá nunca como hoy las comunidades religiosas han teneido que afrontar con tanta intensidad cuestiones sobre su vid y supervivencia. Dentro de una crisis generalizada de las instituciones -también de la propia Iglesia- frecuentemente nos preguntamos por el papel de la Vida Consagrda y su futuro. La disminución vocacional y el consiguiente envejecimiento de las comunidades requiere afrontar este cambio con ideas innovadoras y creativas, así como con una actitud teológico-espìritual acorde a estos tiempos.