La noche del 6 al 7 de diciembre de 1748, moría una religiosa de raza negra en el convento salmantino de la Penitencia. Había sido hecho esclava en las costas de Guinea y, después de servir durante unos años en la casa de los marqueses de Mancera, fue admitida como "tercera" en el convento de la Magdalena, conocido como de la Penitencia. Allí alcanzó, a pesar de su situación inferior, fama de santidad en toda la ciudad. Sus restos fueron trasladados al convento de las Dueñas al ser suprimido el de la Penitencia. Hoy se conserva en la ciudad su memoria, y acaba de cerrase el proceso diocesano de beatificación.