¿Por qué no nos han dejado los textos un escrito para la Iglesia, en su fundación, similar al del Concilio de Jerusalén? La pregunta no sé si es conveniente, pero nos da pie para abrir el interesante libro de Onofre Sousa. Es muy probable que la voluntad explícita del Señor de crear una Iglesia fuera haciéndose progresivamente más clara y nítida con el discurrir de los acontecimientos por los que atravesaban las comunidades cristianas primigenias. Pero de lo que no cabe duda es de la vinculación de esta Iglesia con la tarea de predicar, de evangelizar. Así pues, la creación de la Iglesia en misión queda certificada por el hecho mismo del envío que convertirá los hombres a Dios mediante el anuncio de una Buena Noticia. No es necesaria Acta fundacional alguna, recogida así en los textos.
Nada más empezar su libro, Onofre Sousa habla de una consagración de su matrimonio al servicio de la nueva evangelización Introducción. Pues de esto se trata: de evangelizar desde una personal y eclesial consagración a la misma causa a la que Jesús entregó su vida. Y dicha consagración se realiza por el Amor que Cristo dejó a su Iglesia y en el corazón de cada cristiano.