El término "culpabilidad" traduce ante todo una emoción, un sentimiento angustiado. Es como algo que muerde el interior, de ahí el término remordimiento. La mordedura segrega un veneno paralizante: temor de ser juzgado, vergüenza, miedo a la exclusión, asco de si mismo, crispación y repliegue en sí mismo. La impresión de haber hecho mal puede volverse tan venenosa que se convierte en obsesión. En este caso, habrá que hablar de complejo de culpabilidad enfermiza, patológica.