El Dublín de los 50 resulta tan protagonista de ardenes sagradas como el eterno bebedor Quirke, un pat logo que -tal y como afirma su hija Phoebe- es incapaz de resistirse a la tentació de jugar a los detectives. También ella es la gran protagonista de esta novela, que arranca con su amigo, el peculiar reportero Jimmy Minor, sobre la mesa de autopsias. La útima y mejor entrega de la serie Quirke. Uno de los grandes autores contemporáneos, cuyo talento se confirma con el útimo Premio Príncipe de Asturias de las Letras otorgado a Banville y a Benjamin Black al mismo tiempo.