Para Francisco de Asís, el santo del evangelio en las manos, Dios es: ¡Mi Dios y mi todo! Leemos, a través de estas páginas, en su camino hacia la comunión con Dios. Todos sus escritos rebosan del nombre de Dios, de su alabanza, de su acción de gracias, de su deseo y de su fiesta. Francisco no termina nunca de hablar de Dios y siempre se queda corto y sin palabra.