M-J. Lagrange, fundador de la Escuela Bíblica de Jerusalén, recoge en su biografía toda la dificultad que la Iglesia tuvo para aceptar los modernos métodos de investigación en el estudio de la Biblia. El genial dominico supo combinar servicio a la verdad con fidelidad a la Iglesia. Al final ésta ha reconocido y celebrado su obra.