El Concilio Vaticano II reconoció solemnemente la presencia de la Iglesia en la existencia y en la acción de los laicos señalando que "están especialmente llamados a hacer presente y operante a la Iglesia en aquellos lugares y circunstancias en que sólo puede llegar a ser sal de la tierra a través de ellos" (Lumen Gentium). Sin embargo, este novedoso mensaje está aún a la espera de una auténtica toma de conciencia por parte de los mismos fieles laicos, de una mayor profundización teológica y de una verdadera asimilación en el plano pastoral. La autora intenta responder a estos retos. Para ello, explora inicialmente la comprensión eclesial de los laicos en los primeros siglos del cristianismo. Analiza el adormecimiento de esta percepción en los siglos posteriores y su despertar en el siglo XX. Y, por último, presenta y profundiza en la propuesta teórica y práctica del Concilio Vaticano II y de la teología del siglo XX, con la mirada puesta en los nuevos retos que propone el actual escenario de la nueva evangelización.