Esta obra es un intento de devolver la voz y el color a la cotidianidad de los hombres y las mujeres del Imperio romano, dejando que hablen las imágenes, sobre todo los rostros. En una época en la que a menudo se buscan identidades y fronteras claras, el mundo romano nos enseña, en cambio, el poder del mestizaje y del diálogo. El corazón del libro es el encuentro entre dos universos pictóricos extraordinarios: los retratos de El Fayum y la pintura pompeyana.