¿Quién no ha soñado con vivir en una ciudad ideal?¿Quién no ha deseado compartir sus inquietudes con un conjunto humano que le acepte, le comprenda, la haga feliz? Esta ha sido la meta oculta o manifiesta de muchos artistas, místicos, poetas y, también, de gentes innominadas en todas las tribus del mundo, las selváticas y las urbanas. Pero la terca realidad se muestra reticente y hace trizas los mejores proyectos. "mientras tanto", mientras llega el cumplimiento de las más bellas esperanzas, el autor sugiere ir cultivando, en el interior de uno mismo o en el seno del propio grupo, esas cualidades con que ha de adornarse el candidato a la nueva carta de ciudadanía: la del reino de la Utopía.