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Las bienaventuranzas son un evangelio dentro del evangelio. Antes de ser leídas como un código ético, tendrían que ser escuchadas y meditadas como una revelación sobre Dios y sobre Jesús. Son, por eso mismo, un mensaje sobre el ser humano y sus anhelos de felicidad. En el corazón de la persona creyente o no creyente, están bullendo las bienaventuranzas.