La eternidad ya está presente en nuestras vidas, a pesar del misterio de la muerte. La Iglesia siempre ha centrado la proclamación del Evangelio en la resurrección de Cristo y la vida eterna como una posibilidad ofrecida a todos. Sin embargo, debemos reconocer que, con el paso de los siglos, esta esperanza de la eternidad se ha ido diluyendo, hasta el punto de que hoy el mundo parece indiferente a la posibilidad de vivir para siempre.
Para comprender de nuevo esta misteriosa realidad, tan presente en la predicación de Cristo y tan viva en la experiencia humana de tantos hombres y mujeres que han iluminado la historia, Roberto Pasolini, el predicador de la Casa Pontificia, nos guía magistralmente a redescubrir el significado de la eternidad a través de un mosaico de elementos: el destino último del ser humano, la experiencia de la muerte en vida, la necesidad de renacer y la aceptación de nuestra finitud. Integrar estas dimensiones nos permite reconocer la eternidad como un don divino, capaz de transformar el dolor presente en esperanza y abrir nuestra mirada a la gloria futura.