La formación de los presbíteros inicial o permanente ha sido siempre una preocupación constante
en la vida de la Iglesia. En la actualidad debe adaptarse a unos tiempos necesitados de presbíteros
cualificados y competentes en su labor evangelizadora al estilo del Concilio Vaticano II.
Desde el punto de vista moral al presbítero le corresponde tomar decisiones que a veces son
extremamente complejas y para las que no siempre está preparado, lo cual dificulta llevar a cabo su
misión. Recurriendo a la ética aplicada se pueden aportar imágenes y encontrar medios que alumbren
su vida y enriquezcan su cometido profesional. Esta es la idea de base de esta obra que señala, en
primer lugar, la peculiaridad de la vocación al ministerio ordenado que vista desde la Escritura y la
Patrística adquiere unos contenidos teológicos de los que se derivan actitudes éticas fundamentales.
Una vez puestos los cimientos, en la segunda parte se iluminan varias dimensiones de la vida y el
ministerio del presbítero. Para ello se tratan en clave deontológica algunos aspectos de su triple misión:
El gobierno que genera relaciones pastorales que exigen atención y cuidado desde el punto de vista
del uso del poder y la autoridad, la administración de los bienes económicos y el cuidado de los más
pobres, y la integridad afectivo/sexual; la enseñanza que se centra en la Palabra de Dios, aplicada
comunitariamente por los medios de comunicación y difusión y personalmente en el acompañamiento;
y la santificación por medio de los sacramentos en el ámbito celebrativo, privilegiando la atención a los
enfermos.
La orientación final sugiere la elaboración de un código ético propio como instrumento válido para la
reflexión y el crecimiento moral. De ese modo se perfecciona la inquietud puramente espiritual en este
arte de servir a los demás, en la Iglesia y para el mundo.