En 1930 se conviertió en el principal abanderado del republicanismo, al que arrastró a buena parte de la opinión pública y a los otros líderes del socialismo español. Después del 14 de abril, Indalecio Prieto (1883-1962) fue, sin duda, el gran parlamentario del Partido socialista en las Cortes republicanas y se manifestó muy pronto, junto con Azaña, como la figura más representativa del nuevo régimen. Ambos compartieron el objetivo político de reformar el Estado español para hacer de él un instrumento de transformación de la sociedad, mediante una República democrática, liberar y parlamentaria.
Los dos presidentes de la Segunda República vieron en él a un hombre de gobierno y le ofrecieron la jefatura del Gabinete: Alcalá Zamora, en junio de 1933, y Manuel Azaña, en mayo de 1936. ¿Pudo un gobierno presidido por Prieto haber evitado la guerra civil? Ésa es la pregunta que se hicieron muchos de sus contemporáneos, tanto de izquierdas como de derechas. Él respondió a unos y otros que la salvación de España no podía ser obra de un solo hombre. Que para evitar la guerra civil no hacía falta recurrir a ningún mesías. Bastaba con que los españoles dejaran de matarse unos a otros y se situaran en lo que llamó 2el terreno de la convivencia".