Hildegarda precedió en siglos lo que los hombres y mujeres tendrían que ser quizá dentro de mil años: seres de luz a imagen y semejanza de Dios, pacificados con la carne del mundo.
Este sitio web utiliza cookies, tanto propias como de terceros, para mejorar su experiencia de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Más información