En 1917, en plena primera guerra mundial, dos cartógrafos ingleses, el pomposo
George Garrad y su ayudante, Reginald Anson, aparecen en la aldea galesa
de Ffynnon Garw con el propósito de medir la montaña del lugar. Es
domingo, y todo el mundo está en misa menos Morgan el Crápula, posadero
local y sinvergüenza oficial del pueblo. Al día siguiente, la primera medición
establece que la montaña en cuestión tiene 984 pies, por lo que le faltarían 16
pies para llegar a los 1000 y poder llamarse montaña. «¿Y qué es entonces»,
pregunta la gente. «Una colina», responden los ingleses. Eso sí que no. La
autoestima de Ffynnon Garw está en juego, y sus orgullosos vecinos no van a
permitir que su montaña baje de categoría. Para ello habrá que unirse, arremangarse,
afrontar posibles diluvios y, sobre todo, organizar un buen puesto
de cerveza y zarzaparrilla en lo alto de la polémica cima.