El famoso gato con botas, querido por toda la corte, pierde sus botas y, con estas, la confianza en sí mismo y en sus habilidades. Aunque intenta sustituirlas con otros zapatos, ningún otro calzado le sirve y, avergonzado, decide no asistir a la fiesta que celebra el marqués de Carabás. Sin embargo, su destreza para cazar ratones sigue intacta. ¿Será que no necesita unas botas para sentirse especial?