¿Quién es ese Espíritu Santo, que pertenece al contenido mismo de la fe en Jesucristo? ¿Qué serían Dios, Jesús, el mundo... sin el Espíritu Santo? ¿Qué sería el hombre sin el soplo divino del Espíritu? ¿Y qué sería la Iglesia sin su alma interior, el Espíritu Santo, sin la silenciosa respiración de la santidad? Sería una institución humana entre tantas, que el profeta asemejaría a un inmenso montón de esqueletos.