A medida que crecemos vamos desarrollando un sentido de quiénes somos como individuos únicos, creando una especie de historia vital, una narración que nos ayuda a nombrar, entender e integrar nuestras experiencias. Entre los múltiples factores que intervienen en este proceso hay dos que tienen una relevancia particular. En primer lugar, está la realidad de mi vida que vivo de verdad: mis orígenes genéticos, mi cuerpo, la vida familiar, el día a día, las experiencias minuto a minuto de mi vida Pero junto a las realidades de mi vida única también se desarrolla una historia o interpretación de quién soy yo y del significado de mi vida. La vida, especialmente mi vida espiritual, incluye una lucha interminable para descubrir y aceptar mi verdadero yo, mi yo real, con todas sus imperfecciones.