Los rostros que asume el dolor son infinitos: catástrofes naturales, epidemias, violencias de todo tipo, enfermedades incurables, envejecimiento paulatino... Desde siempre, este escenario de sufrimiento ha provocado en el corazón del hombre la pregunta por su sentido y, casi de forma inmediata, la pregunta por la existencia de Dios y su responsabilidad ante el dolor.