Hay en El cielo de los leones el deseo de contar el mundo para bendecirlo. Todo lo que sucede alrededor de テ]geles Mastretta la sorprende y abisma en un canto que no transige con la desdicha como algo insondable. Andar en la vida es irse de parranda en busca de sus mejores instantes y de cada instante como el atisbo de un milagro. Extraテアa correspondencia la que existe entre los deseos y la seducciテウn, entre la riqueza y la casualidad, entre el mar y los volcanes, entre la valentテュa y el desafuero, entre las aventuras y la ventura. Este libro asombroso acude en busca de semejante vテュnculo, y lo encuentra en recuerdos de infancia, visiones del mundo y personajes que pueblan la memoria. La evocaciテウn y los sueテアos surcan estas pテ。ginas, cuyo empeテアo es persuadirnos de cuテ。n prodigiosa y arrebatada es la vida, de cuテ。ntos motivos diarios tiene para hacer que la veneremos. テ]geles Mastretta cree en el sensato hテ。bito de la locura, en el desafテュo diario que es mirar a otros vivir como quien delira: cielo hay para todos, dice, hasta para los leones debe haber un cielo.