El Cardenal Tarancón, habló de lo que quiso, y evitó hablar de todo aquello que pudiera interferir con lo escrito por él en sus memorias, escritas y depositadas en la Sede de la Confederación episcopal, con la orden expresa de que no sean publicadas hasta pasados varios años de su muerte. Aunque no lo dijo nunca, e incluso lo negó cuando le abordamos el tema, se sintió infrautilizado después de su jubilación y no aceptó nunca que le arrinconaran, porque creyó siempre, que pudo hacer un buen papel de asesor o de consejero. Las entrevistas con el autor finalizaron meses antes de que falleciera y hasta dias antes de su hospitalización, mantuvo una lucidez envidiable.