Con la misma poesía que nos transmite en sus ilustraciones, Marion Fayolle cuenta la historia de la niña, su familia, la granja y su vida diaria. La dificultad de transmisión que nos gustaría para los nuestros y las similitudes que no vemos. Crecer, emanciparnos, escapar y parecernos a los nuestros, a pesar de nosotros mismos, a pesar de todo. Fayolle sustituye el lápiz por el bolígrafo pero nada cambia: los cuadros descritos siguen siendo igual de llamativos. Y del contraste entre la dureza de la cotidianidad rural y la dulzura de las palabras nace una belleza infinita.