En Semana Santa se concentra en cierto modo toda la vida y el misterio de la persona de Jesucristo: la alegría y el sufrimiento la adhesión y el rechazo a su persona , la existencia hecha de entrega total, de relación íntima y confiada en el amor del Padre, de oración, de amor entrañable a todos, de capacidad de perdón con el convencimiento de que el mal sólo será vencido con la fuerza del amor. Y la cumbre de la Semana Santa - la Pascua- muestra la gran esperanza que Dios ofrece a toda la humanidad: compartir con Cristo la vida plena de la resurrección.